Sunday, July 31, 2011
Merck anuncia el despido de 13.000 empleados más
Hace un par de años Merck adquirió Schering Plough por 41.000 millones de dólares y anunció que eliminaría 16.000 puestos de trabajo hasta final de 2012, un 15 por ciento de su plantilla conjunta. Ahora la norteamericana actualiza su plan de reestructuración (Merger Restructuring Plan) y espera reducir un 12 o 13 por ciento adicional su plantilla, que a finales de junio pasado empleaba un total de 91.000 personas en todo el mundo. De este modo espera conseguir en 2015 ahorros de 4.000 a 4.600 millones de dólares anuales, por encima de los 2.700 a 3.100 previstos inicialmente.
Según la firma de outplacement Challenger, Gray & Christmas, desde el 2000 el sector ha reducido su fuerza laboral en unas 300.000 personas, lo que sería equivalente a eliminar a todos los empleados del sector en EE.UU (289.800 empleados en 2008).
A la reducción de personal se añade otro dato decepcionante. Por primera vez el sector ha reducido su inversión en I+D, desde 70.000 millones de dólares en 2009 a 68.000 millones en 2010.
“El mercado nos indica que quiere menos gasto en I+D, por lo tanto la inversión total continuará reduciéndose”, declaró el martes pasado Andrew Witty, el CEO de GlaxoSmithKline.
De un sector menguante sólo cabe esperar menos innovación y, por lo tanto, menos posibilidades de hallar nuevas o mejores soluciones terapéuticas. Son datos suficientemente preocupantes como para invitar a reflexionar a nuestros gobernantes acerca de la necesidad de articular medidas que permitan revertir esta situación.
Monday, December 21, 2009
El año de las megafusiones y las redes sociales
Compañías como Pfizer (el fabricante de Lipitor) o Merck (a quien le vence la patente de Singulair) optaron por adquirir respectivamente a Wyeth y Schering Plough, operaciones que se anunciaron durante el primer trimestre y que buscan sobre todo paliar las pérdidas de facturación y de beneficio previstas como consecuencia de los vencimientos de patentes. Estas dos megafusiones junto con la oferta hostil de adquisición que Roche lanzó a Genentech fueron los hechos que acapararon la atención informativa durante el primer trimestre del año.
En el lado opuesto a Pfizer y Merck se sitúan compañías como AstraZéneca, GlaxoSmithKline o Sanofi-Aventis, cuyos consejeros delegados han manifestado en diversas ocasiones por activa y por pasiva su rechazo a tomar parte en grandes operaciones, prefiriendo ser más selectivos y asociarse o adquirir compañías más pequeñas, que tengan encaje en las estrategias de diversificación que desarrollan. Éstas incluyen ámbitos competitivos tan variados como vacunas, productos biológicos, mercados emergentes, genéricos o enfermedades raras. Las grandes farmacéuticas innovadoras demuestran de este modo haber superado algunos de los prejuicios de los que hicieron gala en el pasado.
Una consecuencia importante de las fusiones es la reducción de puestos de trabajo, ya sea en plantas de fabricación, laboratorios de investigación o redes de ventas. Precisamente este año se ha destacado también por haber batido todos los registros de despidos de visitadores médicos. Para las dos primeras operaciones comentadas se prevé una reducción del 15 por ciento de la plantilla total. Lo que en el caso de Pfizer dará lugar a un recorte de 19.500 puestos, a pesar de que en 2007 se eliminaron 10.000. Roche y Genentech aún no han concretado la reducción que aplicarán y muy probablemente se anunciará en 2010.
Éste ha sido un año muy especial para EE.UU., el principal mercado farmacéutico mundial, donde la actualidad ha venido marcada por la nueva administración, que ha nombrado nuevos responsables de la Sanidad y de la FDA. Una de las metas que el presidente Obama se marcó para la primera parte de su legislatura fue la de acometer la reforma del sistema sanitario. Con relación a la industria, en junio se hizo público cuál será su contribución en la reforma, que se concretó en un descuento de 80.000 millones de dólares distribuidos a lo largo de la próxima década. Esta rebaja se aplicará a los medicamentos financiados a través de los programas gubernamentales de provisión sanitaria, como Medicare. Por ahora, el gobierno ha dejado al margen la posibilidad de reimportar medicamentos de Canadá o de negociar directamente los precios con los fabricantes.
Por último, el 2009 ha sido el año del descubrimiento de las redes sociales por parte de las compañías farmacéuticas. Aunque algunas de ellas se resisten aún a poner un pie en el agua, otras en cambio han empezado a experimentar y a sacar provecho del uso de estas nuevas herramientas digitales. Y como muestra un botón: hace un año tan sólo Boehringer Ingelheim y Novartis tenían cuenta activa en Twitter. Actualmente la gran mayoría de las grandes compañías mantiene una o más cuentas activas. Con el fin de regular el uso de redes sociales la FDA convocó el pasado mes de noviembre una audiencia pública, tras la que abrió un período que finalizará a finales de febrero, durante el cual se le pueden enviar comentarios. Es de prever que las normas que surjan como resultado de todo el proceso influyan y estimulen a la EMEA a adoptar sus propias políticas en este ámbito.
Sunday, June 14, 2009
J&J tercia en la fusión de Merck y Schering

Johnson & Johnson quiere hacer valer sus derechos y pretende poner fin al acuerdo que mantiene con Schering-Plough, que concede a ésta la distribución de Remicade y Simponi (golimumab) fuera de EE.UU. y algunos países asiáticos (como Japón). La noticia no supone sorpresa alguna, pues ya anticipábamos cuando se anunció en marzo la fusión entre Merck y Schering-Plough que ésta podría ser una de las consecuencias de la operación. A pesar de haberse diseñado en forma de fusión inversa para tratar de mantener el contrato con J&J, esta compañía ha considerado que tal subterfugio legal no puede ser válido y que de facto se va a producir un cambio significativo en la propiedad de Schering, lo que es motivo suficiente para instar la finalización de un acuerdo que dura ya más de una década.
Centocor Ortho Biotech, la subsidiaria de J&J que fabrica Remicade, ya advirtió a primeros de mayo que solicitaría un arbitraje sobre los derechos de este producto y su posible sucesor, Simponi. Se supone que, dada su capital importancia, durante la fase de planificación y estudio de la fusión de Merck y Schering, este asunto debió ser evaluado minuciosamente por expertos legales en la materia. Tal vez por ello ambas compañías se han mostrado convencidas ahora de que se les dará la razón. Algunos analistas juzgan que el contrato de J&J con Schering no está suficientemente armado y ven a Merck mejor posicionada para ganar esta disputa. No obstante, el resultado resulta tan impredecible que las cotizaciones de las tres compañías apenas han sufrido variación al conocerse la noticia.
Se ha estimado que el proceso de arbitraje se prolongue de nueve a doce meses y que continúe incluso tras la conclusión del proceso de fusión, prevista para el último trimestre del presente año. La decisión que tome el árbitro que se designe será vinculante e inapelable. Con todo, el proceso de arbitraje no es impedimento para que las partes negocien y traten de llegar a un acuerdo. Posiblemente sea esta la pretensión de J&J. Como ya especulamos en esta misma sección, J&J podría estar interesada en obtener a buen precio la cartera de productos OTC de Schering. O puede que acepte zanjar el asunto recibiendo una mayor proporción del lucrativo negocio que supone Remicade.
J&J facturó el pasado año con Remicade 3.700 millones de dólares, un 13 por ciento más que en 2007. La compañía norteamericana pudo de este modo compensar en parte unos menores ingresos debidos tanto a la competencia de genéricos que sufre Risperdal (risperidona; esquizofrenia), como a la preocupación que se ha generado en torno a la seguridad de Procrit, el producto para la anemia que distribuye en EE.UU. bajo licencia de Amgen.
Por su parte Schering-Plough obtuvo en 2008 con Remicade unas ventas que ascendieron a 2.100 millones de dólares. En la hipotética cartera de Merck-Schering el producto ocuparía la cuarta posición en términos de facturación. La futura Merck/Schering cuenta con estos ingresos y los que se deriven de Simponi, quizá aún mayores, para compensar el retroceso en ventas de Zetia/Vytorin (un 10 por ciento en 2008), así como la pérdida de exclusividad de algunos de sus productos más vendidos.
Remicade es un producto que se emplea en el tratamiento de la artritis reumatoide y otros trastornos de origen autoinmune y su aplicación intravenosa requiere la intervención de un médico. En cambio, Simponi, que ha sido aprobado en abril por la FDA y actualmente espera la luz verde en Europa, se administra mensualmente por vía subcutánea y lo puede hacer el propio paciente. Esta comodidad de aplicación constituye una ventaja indudable que puede traducirse en un mayor éxito en la comercialización.
Saturday, April 25, 2009
Los últimos movimientos de GlaxoSmithKline

La compra de
Sin olvidar los productos sin receta (OTC) y las vacunas, el otro gran pilar de la estrategia de Witty lo constituye su apuesta por los mercados emergentes, principalmente Oriente Medio y el BRIC (Brasil, Rusia, India y China). No en vano Witty, que llegó a GSK en 1985, llegó a dirigir las operaciones de la compañía en Sudáfrica y en
Mientras Pfizer y Merck parecen haber decidido resolver su futuro de un plumazo con las compras respectivas de Wyeth y de Schering-Plough, GSK se declara partidaria de colocar sus huevos en diferentes cestas, a través de alianzas y compras de menor entidad, lo que tal vez suponga más tiempo y esfuerzo, pero que a la larga la puede acabar situando en una posición competitiva superior. Qué duda cabe que la situación de sequía crediticia actual juega a su favor, al empujar a algunas compañías a venderse a un mejor precio.
Tan sólo tres días antes de anunciar la compra de Stiefel, se hizo público el acuerdo alcanzado por GSK y Pfizer para constituir una operación conjunta que combinaría los productos que ambas poseen para el tratamiento de la infección por el VIH. Una noticia que no dejó indiferente a nadie en el sector, ya que es la primera vez se produce un acuerdo de semejante naturaleza.
La entidad resultante comercializará once productos, cuya facturación conjunta en 2008 fue de 2.360 millones de dólares. La propiedad se reparte de forma asimétrica, correspondiéndole un 85 por ciento a GSK y el 15 por ciento restante a Pfizer. Esta proporción podrá variar en el futuro según se alcance o no las metas establecidas. Aunque las razones esgrimidas por los respectivos consejeros delegados parecen razonables, un análisis detallado ha llevado a The Wall Street Journal (WSJ) a especular con la venta de la nueva entidad a un tercero.
Por una parte el acuerdo aporta muy poco a GSK en términos de facturación. Por otra, en I+D tampoco hay una ganancia clara, al menos a corto plazo, ya que ninguna de las dos compañías tiene productos en fase III. Por lo tanto, la posibilidad de generar nueva facturación quedaría un tanto alejada en el tiempo. Eso si alguno de los productos en fase II consigue obtener la autorización de comercialización. En términos de escala tampoco se hace evidente el logro de una ventaja competitiva, ya que Bristol-Myers Squibb (BMS) y Gilead Sciences tienen facturaciones en este negocio iguales o superiores, que además presentan fuertes crecimientos.
En definitiva, para WSJ la operación sólo adquiere pleno sentido si se hace con la intención de vender la entidad resultante a un tercero, ya que la suma de los activos de ambas compañías, junto con los ahorros que puedan alcanzarse, configura una oferta mucho más atractiva que cada uno de los negocios por separado. WSJ llega incluso a especular con la posibilidad de que sea Abbott la compañía que pudiera interesarse por adquirir el nuevo spin-off, permitiéndole competir de igual a igual con BMS y Gilead.
Monday, March 23, 2009
El apareamiento de los dinosaurios

El reciente anuncio de fusión entre Merck y Schering-Plough ha estado en boca de los analistas durante los últimos seis años. A pesar, pues, de la obviedad de la operación, ésta no ha dejado de sorprender. Las megafusiones cada vez convencen menos y la tesis que afirma que no son la panacea va ganando nuevos adeptos con cada megaoperación. El doctor Pedro Cuatrecasas, quien dirigió la investigación de Warner-Lambert en los tiempos en que inventaron Lipitor (Cardyl), advertía hace un par de años que la innovación farmacéutica corre serio peligro en parte a causa de las megafusiones, responsables en buena medida del descenso del número de nuevos fármacos. Y no le faltaba razón. Pfizer es un claro ejemplo de ello. Ya va por la tercera megafusión y en una década sólo ha lanzado un nuevo blockbuster al mercado, habiendo invertido probablemente más de 60.000 millones de dólares en investigación.
Por otra parte, también ha causado cierta sorpresa que una compañía como Merck, que había hecho gala en diversas ocasiones de su arraigada fe en la investigación propia y en el crecimiento orgánico, se haya desdicho tan rápidamente de tan firme creencia, optando por una solución defensiva, un parche rápido, en lugar de escoger un planteamiento más estratégico. Parece que lo que prima es la visión a corto plazo, el salvar los resultados y a ser posible mantener el dividendo. Con los ahorros que se espera obtener se prevé compensar la pérdida de facturación por los vencimientos de patentes, sobre todo de Singulair y Cozaar.
La principal incógnita que queda por despejar en esta historia es la respuesta que dará Johnson & Johnson, a quien todo el sector mira ahora con expectación. A pesar de que Merck y Schering-Plough han estructurado la operación en forma de una fusión inversa para preservar los derechos que esta última posee para comercializar Remicade y golimumab (su posible sucesor) fuera de EEUU y Japón, cabe la posibilidad (si no ha habido un acuerdo amistoso previo) de que J&J trate de oponerse o que incluso llegue a lanzar una oferta para comprar Schering-Plough. Que J&J no haga nada, que es la tercera posibilidad que resta, no parece plausible.
A J&J, una compañía líder en el mercado OTC, podría interesarle también que Schering-Plough la compensase ofreciéndole su cartera de estos productos a precio de ganga. No obstante, tras el anuncio de la operación de Merck y Schering-Plough, las acciones de esta última han marcado su máximo de los últimos 12 meses, lo que parece indicar que los mercados especulan con la posibilidad de que haya una pugna entre Merck y J&J por su adquisición. El plazo del que dispone J&J para hacer su reclamación es de un mes. En cualquier caso, los expertos legales consultados no se ponen de acuerdo acerca de cuál podría ser el resultado de la eventual reclamación de J&J.
La operación de Merck y Schering-Plough, seguida de la oferta de Roche por la parte que le faltaba de Genentech, confirman la nueva ola de consolidación que se inició seis semanas antes, cuando se hizo pública la oferta de Pfizer por Wyeth. Todo el mundo se pregunta ahora quiénes serán los próximos protagonistas de lo que algunos jocosamente ya han bautizado como 'el apareamiento de los dinosaurios'. Entre las gigantes del sector AstraZéneca, Bristol Myers Squibb y Sanofi-Aventis figuran en los pronósticos de la mayoría de analistas. Mientras que entre las biotecnológicas las que suenan con más fuerza son Amgen y Gilead Sciences.
Tuesday, March 10, 2009
Merck compra Schering-Plough

Apenas ha transcurrido un mes desde el anuncio de la fusión de Pfizer y Wyeth y ya tenemos otra nueva megafusión en marcha. Merck & Co pretende adquirir Schering-Plough por 41.100 millones de dólares en acciones y efectivo (23,61 dólares por acción), lo que supone una prima del 34 por ciento para los accionistas de Schering-Plough respecto al precio de cierre del viernes anterior al anuncio. El acuerdo espera cerrarse durante el cuarto trimestre de este año.
Si Johnson & Johnson lo permite, la entidad resultante sería la segunda compañía farmacéutica mundial en términos de facturación. La transacción se ha previsto estructurar en forma de una fusión inversa para preservar los derechos de comercialización de Remicade y de golimumab. Schering-Plough mantiene con Johnson & Johnson un acuerdo para comercializar estos productos fuera de EE.UU. y Japón.
Como resultado de este proceso, la corporación que sobrevivirá será la de Schering-Plough, aunque tomará el nombre de Merck y será gobernada por Richard Clark, su actual consejero delegado. La compañía resultante espera generar ahorros incrementales valorados en 3.500 millones de dólares anuales a partir de 2011. Se espera que los accionistas de Merck sean propietarios de un 68 por ciento y los de Schering-Plough un 32 por ciento de la entidad resultante.
El sector, que sigue pendiente del desenlace de la oferta de Roche para adquirir la parte que le falta de Genentech, pone sus ojos también en GlaxoSmithKline. La idea de que esta compañía pueda adquirir Astra-Zéneca empieza a vislumbrarse como una posibilidad real.
Monday, September 15, 2008
A la FDA le preocupa la Food and Drug Administration

Últimamente la FDA recuerda a esos insidiosos detectores de aeropuerto cuya sensibilidad es tan elevada que casi nos obligan a despojarnos de toda prenda que llevemos encima. Al igual que ellos los funcionarios del regulador norteamericano parecen estar dispuestos a no dejar pasar ni una. Ante la menor sospecha de que un fármaco, comercializado o en vías de llegar a serlo, pudiera causar algún efecto secundario a los pacientes, no dudan en lanzar su advertencia pública. Y tal como sucede en el rutinario control aeroportuario, en el que en ocasiones el quejido del dichoso aparato se nos antoja excesivo, así parece reaccionar ahora el organismo de Maryland.
En esta ocasión, los «pasajeros» a los que les ha sonado la alarma han sido los inhibidores de TNF (factor de necrosis tumoral, en inglés), medicamentos de origen biológico (anticuerpos monoclonales) que se emplean con gran éxito en el tratamiento de la artritis reumatoide, proporcionando a los pacientes un notable alivio y una sustancial mejora de su calidad de vida. Enbrel (etanercept; Amgen/Wyeth), Humira (adalimumab; Abbott), Remicade (infliximab; Johnson & Johnson/Schering Plough) y Cimzia (certolizumab pegol, UCB) son los cuatro productos que deberán añadir a su ya extensa lista de advertencias de seguridad el riesgo de histoplasmosis, una infección fúngica.
En la artritis reumatoide el sistema inmunitario del paciente ataca las articulaciones, provocando así dolor e inflamación. En consecuencia, un medicamento que actúe inhibiendo el sistema inmunitario, puede constituir un tratamiento eficaz en la artritis. Pero este modo de acción resulta un arma de doble filo, ya que ante una eventual infección nuestro sistema de defensa puede que no logre combatirla.
Ello explica que, si tomamos la ficha técnica o el prospecto de cualquiera de los cuatro productos mencionados anteriormente, podremos observar cómo bajo los epígrafes de advertencias o de efectos adversos se menciona que deberán extremarse las precauciones en caso de que el paciente padezca una infección en el momento de instaurar el tratamiento o que hiciese su aparición durante el transcurso del mismo. Hasta aquí todo parece lógico y previsible. Lo que no parece tan normal y es causa de no poca extrañeza es la exigencia de la FDA para que ahora se incluya en la ficha técnica una determinada infección. ¿Por qué esa sí y no otras?
Hace unas semanas la tarjeta amarilla se la sacaron a Byetta, el antidiabético de Eli Lilly. El reporte de seis casos de pancreatitis severa, dos de los cuales resultaron fatales, parece ser el origen de la amonestación de la FDA. La mayoría de los medios no tardaron en reaccionar asociando la pancreatitis al producto de Lilly, obviando que cerca de un millón de pacientes diabéticos lo toman y que éstos tienen un riesgo de sufrir pancreatitis mayor que el de la población general, con independencia del tratamiento que estén siguiendo. A la FDA le pareció que seis pacientes entre un millón es más que cinco (como poco) entre cien mil, que es el riesgo de la población general. Otro ejemplo de que estos «cowboys» son de gatillo ligero.
Parece como si a la FDA lo que le preocupase, más que la seguridad de los pacientes (que también), fuese su propia seguridad. Es como si quisiera curarse en salud y vacunarse contra toda crítica. Así es como pensaba el reputado economista Milton Friedman, quien en su obra ‘Libertad de elegir’, manifestaba que el procedimiento regulatorio padece de forma inherente un sesgo en contra de la aprobación de algunos fármacos valiosos, pues los efectos adversos de prohibir equivocadamente la comercialización de un medicamento útil son indetectables, mientras que las consecuencias de aprobar erróneamente el uso de un fármaco perjudicial son objeto de una amplia difusión y, en conclusión, la FDA actuará en la dirección que le reporte una menor condena pública, dejando al margen las consecuencias sanitarias. Ojo: la próxima advertencia está al caer.
Monday, May 19, 2008
La reorganización de BMS aviva las especulaciones

En estos tiempos que nos ha tocado vivir, en los que la única certeza futura es la incertidumbre y en los que lo único que cuenta es la confianza en quienes toman las decisiones, es donde los analistas hallan su razón de ser. Ellos son ahora los protagonistas, los que manejan nuestras expectativas a diario con sus continuas especulaciones. Los del sector farmacéutico son especialmente hábiles y logran casi a diario mantener nuestra atención en vilo, moviendo el foco de la actualidad de un punto a otro. En esta ocasión le ha tocado el turno a Bristol-Myers Squibb (BMS).
Esta compañía norteamericana ha anunciado recientemente el acuerdo por el que vende Convatec, su negocio de productos para el cuidado de heridas y productos de ostomía. Dos compañías de capital privado, una americana y otra europea, han aceptado pagar por esta unidad 4.100 millones de dólares. Este movimiento se enmarca en una sucesión de operaciones que son las que han motivado las especulaciones de los analistas.
Ya el pasado mes de enero BMS se desprendió de su unidad de imagen médica. Y la pasada semana comunicó que planea sacar a bolsa una parte (entre un 10 y un 20 por ciento) de Mead Johnson, su unidad de nutrición infantil. Al parecer, mediante este plan de venta de activos de menor rentabilidad la compañía neoyorquina pretende obtener efectivo para invertirlo en adquisiciones que le permitan reforzar el negocio biofarmacéutico y que le aporten un mayor retorno.
El bautizado como ‘precipicio de las patentes’ (patent cliff) está ya a la vuelta de la esquina y son una excepción las compañías de las llamadas innovadoras que se encuentran a salvo de sus efectos. BMS, que actualmente es una de las grandes farmacéuticas más prósperas, es de las que previsiblemente no se librará de sufrir las consecuencias, debido sobre todo a su anticoagulante Plavix (clopidogrel DCI), el segundo producto más vendido a nivel mundial. Por ello necesita que al menos los últimos productos introducidos y los próximos a comercializar le aporten ingresos crecientes con rapidez.
En la actualidad, los resultados del primer trimestre arrojan unas cifras espectaculares. Los ingresos que proceden de las operaciones ordinarias han crecido un 20 por ciento. La venta anual móvil de Plavix crece un 39 por ciento, fruto de la recuperación de los ingresos tras la lucha con la canadiense Apotex, que no pudo mantener en el mercado una versión genérica del anticoagulante. Ahora la amenaza del genérico llega también a Europa, de la mano de un laboratorio suizo (Schweizerhall). En el futuro inmediato BMS confía en las buenas perspectivas de Sprycel e Ixempra, dos anticancerígenos que parecen muy prometedores, y a mitad de año espera poder solicitar a la FDA el registro del antidiabético saxagliptina, un competidor de Januvia, de Merck & Co.
Los 5.000 o 6.000 millones de dólares que BMS puede llegar a reunir con la venta de activos los puede emplear en la financiación de la compra de pequeñas farmacéuticas que le ayuden a revitalizar y a diversificar su pipeline actual. En su proceso de reorganización el pasado diciembre comunicó que recortaría 4.300 empleos, el 10 por ciento de su plantilla, esperando alcanzar en 2010 ahorros por valor de unos 1.500 millones de dólares anuales.
Por otra parte, es indudable que la mejora esperada de la rentabilidad y el efectivo procedente de sus desinversiones hacen a la compañía más atractiva para una eventual adquisición. En anteriores ocasiones ya hemos especulado sobre el sentido de una posible fusión con Sanofi o sobre la posibilidad de una OPA por parte de Pfizer, GlaxoSmithKline, AstraZeneca o Novartis. No obstante, James Cornelius, su presidente y consejero delegado, tiene una gran confianza en el futuro de la compañía y, como prueba de ello, acaba de invertir la módica cantidad de 2,3 millones de dólares en adquirir un paquete de 100.000 títulos de BMS. En la misma línea, Fred Hassan, su homólogo en Schering-Plough, también invirtió no hace mucho un par de millones de dólares en comprar 110.000 acciones de su compañía. Eso sí que es comprometerse y lo demás son zarandajas.
Monday, April 14, 2008
Schering-Plough y las dudas abiertas con el estudio Enhance

La última reunión de la Sociedad Americana de Cardiología (SAC), celebrada hace dos semanas en Chicago, fue un jarro de agua fría para Merck & Co. y Schering-Plough. Contra pronóstico, no hubo debate científico ni preguntas de la audiencia, sino un duro comunicado por parte del portavoz del panel de expertos convocado para comentar los resultados del estudio Enhance (ver EL GLOBAL nº 371). A través del mismo se instó a los cardiólogos a poner freno al uso de Zetia y de Vytorin y a priorizar el uso de estatinas por haber demostrado que éstas previenen infartos y que salvan vidas.
Coincidiendo con la reunión mencionada, The New England Journal of Medicine (NEJM) publicó en su web los resultados del estudio Enhance y le dedicó dos editoriales, en los que recomendaba a los médicos prescribir Zetia y Vytorin una vez se hubiese agotado el resto de opciones terapéuticas disponibles. Tres días después de la mencionada reunión Schering-Plough anunció un plan por el que llevará a cabo una reducción de más de 5.000 puestos, el 10 por ciento de su plantilla y que recortará sus gastos anuales en 1.000 millones de dólares. Este montante se suma a los 500 millones de dólares de ahorros que se esperan como consecuencia de la integración de Organon BioSciences, adquirida a Akzo Nobel el pasado año.
De este modo, el consejero delegado de Schering-Plough, Fred Hassan, ha visto, cual Sísifo, cómo en poco más de tres días deshacía buena parte del camino recorrido en su lustro de mandato, al ver comprometido el futuro del producto más importante de la cartera y volatilizarse en consecuencia miles de millones de dólares de capitalización bursátil.
Sin embargo, debemos reconocer que la situación de Schering-Plough es hoy muy distinta a la que encontró Hassan cuando llegó. Entonces había perdido la patente de Clarityne y, con la competencia de los genéricos, sus beneficios mermaban año tras año. Hassan redujo gastos, reenfocó los esfuerzos de comercialización y diversificó el pipeline.
Hoy la compañía tiene uno de los mejores pipelines de la industria, con varios productos que podrían comercializarse en los próximos tres años. Asimismo, su cartera es una de las menos afectadas por vencimientos de patentes. La combinación de estos factores hace que, salvo imprevistos, algún analista llegue a pronosticar hasta 2012 crecimientos anuales del 15 por ciento.
Tales perspectivas y una acción coyunturalmente barata, podrían llevar a preguntarnos por las posibilidades reales de que a corto plazo pueda ser adquirida por un competidor. Pese a todo, éstas parecen mínimas. Para The Wall Street Journal la joint-venture con Merck y el vigente acuerdo de distribución con Centocor, una filial de Johnson & Johnson, podrían complicar la operación. Tampoco se vislumbra como probable una nueva adquisición por parte de Schering-Plough, precisamente por la baja cotización de la acción y por su endeudamiento para afrontar la compra de Organon.
Así pues, la pregunta clave en estos momentos la plantea Forbes: "¿Hasta dónde puede llegar a caer Vytorin?" Y añadimos: ¿seguirán médicos y aseguradoras la recomendación del panel de cardiólogos y del NEJM? ¿Cuántos de los tratamientos ya iniciados se revisarán? Aunque hay opiniones de lo más variopinto, parece que se impone la creencia de que el daño será importante, aunque menor de lo que inicialmente podría suponerse. En primer lugar, no se da en este caso un problema de seguridad. Además, a muchos médicos y pacientes no les gustan las molestias musculares que pueden producir altas dosis de estatinas. O los sofocos o estreñimiento que pueden provocar otras opciones terapéuticas.
Muchos han criticado que tras la declaración de Chicago no hubiese la lógica y esperada discusión científica y creen que por parte de los panelistas y del NEJM hubo un exceso de reacción. No obstante, a Merck y Schering-Plough no les ha ayudado precisamente el retraso en comunicar las conclusiones del Enhance. Habrá que esperar un tiempo para saber quién tiene la razón. Actualmente hay otros tres estudios en marcha. Los resultados del más importante de ellos (Improve-It) se esperan en 2012.

