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Tuesday, January 15, 2013

Los pipelines de las farmacéuticas nos hablan

Cuenta LaMattina en su último artículo (ver Forbes) que cuando los analistas revisan el futuro de una compañía farmacéutica, habitualmente suelen fijarse en qué productos de su pipeline se hallan en la fase 3 de investigación, por ser los que tienen mayores posibilidades de alcanzar el mercado. No obstante LaMattina aconseja revisar también los productos en fase 1 y en fase 2, por revelarnos mucho sobre las prioridades, la estrategia e incluso los retos culturales de una compañía.

Señala el autor la facilidad hoy en día para acceder a esa información y destaca la transparencia de GSK, Sanofi y AstraZeneca, pues en la información que proporcionan citan cada uno de los compuestos, con su número, mecanismo de acción y dolencia para la que está siendo estudiado, e incluso en el caso de AstraZeneca la fecha en la que entró en la fase de investigación. En cambio, otras como BMS, Pfizer, Merck o Lilly se reservan de forma total o parcial algunas de esas informaciones. Pero es Johnson & Johnson la que se lleva el trofeo a la compañía menos transparente en relación a la información que publica en Internet sobre su pipeline.

LaMattina pone de relieve aspectos a considerar, como la dedicación y esfuerzo por áreas terapéuticas, el tamaño y extensión del pipeline (muy destacado en el caso de GSK), la orientación hacia productos biológicos frente a pequeñas moléculas o las prioridades en función de los cambios acontecidos en la cartera de productos en I+D en periodos recientes.

Para quien quiera realizar sus propias observaciones, a continuación facilitamos el acceso al pipeline de cada una de las siguientes compañías:

AbbVie
Amgen
Astellas
AstraZeneca
Bayer
BMS
Boehringer Ingelheim
Daiichi Sankyo
Eisai
Eli Lilly
Genentech
GlaxoSmithKline
Johnson & Johnson
Merck & Co
Merck Serono
Novartis
Novo Nordisk
Pfizer
Roche
Sanofi
Takeda

Wednesday, August 3, 2011

La I+D farmacéutica en crisis: continuamos con la reflexión

Como comentábamos en una entrada reciente, en 2010 se ha reducido por primera vez la inversión en I+D, desde 70.000 millones de dólares a 68.000 millones de dólares. No es tan importante la magnitud de la reducción, como el cambio de tendencia, sobre todo teniendo en cuenta que el mercado global continúa creciendo.

Según la consultora IMS, el valor del mercado farmacéutico global crecerá un 5-7 por ciento en 2011, hasta alcanzar los 880 mil millones de dólares. Este crecimiento será muy distinto por regiones.

En los países más desarrollados, la evolución del mercado se ve frenada por mecanismos de reducción del gasto farmacéutico y por los vencimientos de patentes de productos que son superventas. Así, en los cinco principales mercados europeos (Alemania, Francia, Italia, España y Reino Unido) el crecimiento previsto se sitúa entre el 1-3 por ciento, como en Canadá. En EE. UU., el mayor mercado mundial, se espera un aumento del 3-5 por ciento (de 310 mil millones de dólares hasta 320-330 mil millones).

En los 17 países considerados mercados emergentes en esta industria, el crecimiento previsto será del 15-17 por ciento. En estos países, la financiación sanitaria publica y privada es cada vez mayor. Para China, que ya es el tercer mayor mercado farmacéutico, se ha pronosticado un crecimiento del 25-27 por ciento. Con el fin de adaptarse al entorno actual, una de las opciones estratégicas que están adoptando las grandes farmacéuticas es la de invertir y trasladar parte de sus operaciones a estos mercados.

De otra parte las compañías se ven obligadas a reducir el precio de los productos que han sido sus principales fuentes de ingresos debido a la pérdida de exclusividad en el mercado y a la entrada de versiones genéricas. Al mismo tiempo,  los ingentes recursos invertidos en I+D no dan el resultado esperado y no consiguen compensar las pérdidas de facturación que conllevan los vencimientos de patentes. Por otra parte, gobiernos y aseguradoras presionan sobre los márgenes del sector con rebajas y con restricciones a la financiación de medicamentos.

El resultado de todo ello es que las compañías se ven obligadas a tomar medidas cortoplacistas (bolsa e inversores no dejan de presionar y cada trimestre hay que presentar la mejor foto) si se quiere evitar el deterioro de las cuentas de explotación y de los ratios. Es lo que explica la eliminación de unos 300.000 puestos de trabajo en la última década y la reducción de la inversión en I+D desde un 20 por ciento de la facturación a prácticamente la mitad (ver la entrada anterior).

A corto plazo, quienes dirigen actualmente las farmacéuticas consiguen sobrellevar la situación y seguir dando dividendos a sus accionistas. El problema viene cuando analizamos el impacto social y la perspectiva a largo plazo.  Si bien los gobiernos consiguen con sus medidas reducir la factura farmacéutica, hay efectos colaterales que no deberían despreciarse, como son la pérdida de empleos, el deterioro del tejido industrial y de la capacidad investigadora y la pérdida de competitividad. ¿Cuál es el balance de todo ello para la economía y para el conjunto de la sociedad? ¿Realmente merece la pena seguir por esta vía? ¿Es lo más beneficioso para todos? ¿Es la mejor opción o pueden articularse otras soluciones menos destructivas?

Es un hecho que se están cerrando laboratorios al completo, reduciendo personal investigador e invirtiendo menos recursos en I+D. El sector se ha vuelto menos atractivo para los inversores y de no cambiar esta tendencia, lo más probable es que las soluciones terapéuticas innovadoras tarden mucho más tiempo en llegar. Y como reflexionaba Lamattina (ver la entrada anterior) hay áreas donde la innovación es muy necesaria por no existir tratamientos eficaces en la actualidad. A mi modo de ver, un panorama verdaderamente preocupante y que debe hacernos reflexionar a todos.

Tuesday, August 2, 2011

El devastador efecto de las fusiones y adquisiciones

Para John L. Lamattina (que tuvo la máxima responsabilidad de la I+D de Pfizer) los argumentos que han justificado la ola de consolidación de la industria farmacéutica de los últimos 15 años pueden ser razonables, pero sin duda su impacto sobre la I+D del sector ha sido devastador.

Su tesis la expone en un reciente artículo en Nature Reviews Drug Discovery, en el que razona que el mayor número de compañías que existía en los ’90 suponía un mayor nivel de rivalidad que en el área de I+D, lo que se traducía en una y una productividad más elevada (ver información complementaria). Una mayor diversidad de los pipelines hacía que fueran mayores las probabilidades de hallar nuevos fármacos.

Lamattina compara los procesos de fusión iniciales, como el que tuvo lugar entre Bristol Myers y Squibb, con los más recientes, haciendo notar que en los primeros se eliminaban duplicidades y se sumaban nuevos proyectos, mientras que ahora se eliminan centros de investigación completos, como hizo Pfizer con sus centros de Illinois y Michigan, o el anuncio reciente del cierre del centro de Sandwich en el Reino Unido.

Además la compañía norteamericana y otras grandes farmacéuticas han disminuido notablemente su inversión en I+D. De llegar a invertir el 20 por ciento de la facturación en I+D se ha reducido prácticamente a la mitad. El autor concluye que con este descenso de la inversión difícilmente puede preverse una mejora del resultado de la I+D en los años venideros.

Durante los procesos de integración se invierte una importante cantidad de tiempo en analizar y seleccionar los proyectos a priorizar, durante el cual se paralizan las contrataciones y no se ponen en marcha nuevas iniciativas, con lo que la organización y los proyectos en curso pierden dinamismo. A ello se suma el impacto negativo en la productividad  del personal (difícil de cuantificar)  fruto de la incertidumbre que pesa durante todo este tiempo sobre su futuro.

Para finalizar Lamattina destaca a CEOs que parecen ser la excepción, como John Lechleiter (Eli Lilly) o Ken Frazier (Merck & Co.), que apuestan por invertir en I+D como estrategia de futuro, y muestra su preocupación por una tendencia que resulta alarmante, especialmente cuando hay necesidades terapéuticas importantes como por ejemplo en el tratamiento del Alzheimer, las infecciones resistentes a los antibióticos y la diabetes.