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Monday, October 13, 2008

Lilly bate a Bristol-Myers Squibb


Era verdad. Aunque a algunos les parecía un farol de Carl Icahn, ha resultado ser cierto: existía una compañía dispuesta a pagar 70 dólares por cada acción de ImClone. Finalmente se ha confirmado que Merck KGaA no era el ‘caballero blanco’ de Icahn, sino Eli Lilly. Durante las últimas semanas el tira y afloja entre James Cornelius, consejero delegado de Bristol-Myers Squibb (BMS) y Carl Icahn, presidente de ImClone, ha sido corto pero intenso. Resulta interesante repasar la relación epistolar pública entre ambos.


BMS, que posee el 17 por ciento de ImClone intentó adquirir el resto de las acciones ofreciendo 60 dólares por cada una de ellas y elevando finalmente su oferta a 62 dólares por acción, dando lugar a una dura e irónica carta de rechazo de Icahn a Cornelius. No obstante, la victoria de Lilly supone para BMS una dulce derrota, ya que la venta de sus acciones le reportarán 1.000 millones de dólares, y podrá seguir vendiendo Erbitux.


Al consejo de administración de Lilly, con John Lechleiter al frente, le ha tocado tomar la decisión de llevar a cabo la operación más importante y, quizá más arriesgada, de los 132 años de historia de la farmacéutica. Si no llegaran a obtenerse los resultados esperados, la compañía norteamericana podría verse lastrada por una importante deuda. Algunos analistas han expresado sus temores acerca de la capacidad de Lilly para financiar la operación. A Wall Street también le está costando digerir la noticia, las acciones cayeron un 7 por ciento, alcanzando el nivel más bajo de los últimos 11 años, y empresas de calificación de riesgo, como Fitch y Moody’s, revisarán el rating de la compañía.


Sin embargo, la operación parece oportuna tomando en consideración la situación de la compañía y el entorno del sector. A pesar de haber luchado duro, de haber invertido ingentes recursos en I+D y de haber alcanzado las fases finales de desarrollo con varios productos, en los últimos tres años Lilly no ha conseguido llevar al mercado un nuevo medicamento. Además los vencimientos de patentes previstos para los próximos cinco años (ver EG núm. 400) llevarán a Lilly a perder cerca de la mitad de su facturación actual, por lo que se ve obligada a actuar con audacia si quiere incrementar las posibilidades de encontrar alternativas que compensen esta pérdida.


Con la incorporación de Erbitux Lilly refuerza su área oncológica, en la que cuenta actualmente con Alimta y Gemzar. ImClone le proporciona además un esperanzador pipeline que incluye nuevas moléculas para el tratamiento de diversos tipos de tumores y que Lilly espera que lleguen al mercado antes del período crítico que le aguarda. Otras grandes del sector han decidido también enfocarse en oncología, donde el retorno puede ser elevado y las agencias reguladoras se suelen mostrar más tolerantes con los efectos secundarios, ante la perspectiva de poder salvar vidas.

Monday, June 9, 2008

Medicina personalizada en el tratamiento del cáncer


La curación del cáncer (o de los cánceres, como el lector prefiera) sigue siendo uno de los mayores desafíos sanitarios. De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) cada año fallecen en el mundo por esta causa cerca de ocho millones de personas. Y aunque parece que su incidencia se ha estabilizado e incluso empieza a retroceder, la guerra aún no ha terminado.

Según la consultora IMS Health, el mercado de productos para el cáncer doblará su tamaño para el año 2012. Con un crecimiento promedio anual que prevé situarse entre un 12 y un 15 por ciento (muy por encima del crecimiento del mercado farmacéutico), el valor del mercado pasará de los 48.000 millones de dólares del presente año a los 80.000 millones del 2012, llegando de este modo a superar a las estatinas, que es el segmento que lidera actualmente el escalafón mundial.

Compañías que ahora juegan un papel protagonista en este mercado (GlaxoSmithKline, Pfizer, Wyeth) hace algunos años apenas tenían presencia en el mismo. La progresiva pérdida de patente de numerosos productos y los avances científicos en el campo de la oncología han atraído el interés de numerosas compañías farmacéuticas. Así la terapia oncológica está sufriendo una notable transformación, con la introducción de fármacos dirigidos a dianas específicas, generalmente mejor tolerados, menos tóxicos que los quimioterápicos tradicionales y que ofrecen un mejor resultado clínico.

La pasada semana se ha celebrado en Chicago la reunión anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO). A esta importante cita, en la que se han presentado los últimos avances en el conocimiento y tratamiento de los diversos tipos de tumores, han acudido más de 30.000 oncólogos, científicos e inversores de todo el mundo. De los aproximadamente 5.000 estudios presentados este año uno de los temas que más destaca es el creciente uso de pruebas genéticas para personalizar los tratamientos.

Buena parte de los estudios presentados este año en ASCO tratan de determinar cómo incrementar la eficiencia de las terapias dirigidas. Debido al elevado coste que tiene este tipo de fármacos, el conseguir tratamientos más eficientes puede representar un importante ahorro a los servicios sanitarios. Es indudable que el desarrollo de pruebas genéticas que ayuden a precisar qué fármaco emplear en un determinado paciente supone un notable avance, aunque pueda resultar menos lucrativo para las compañías farmacéuticas.

En este sentido, productos líderes como Herceptin (Genentech) y Tykerb (GlaxoSmithKline) se emplean tan solo en una cuarta parte de los cánceres de mama, en aquellos que producen una proteína llamada HER-2. Ahora se ha presentado en Chicago un estudio por el cual se ha determinado que sólo aquellos pacientes con cáncer de colon que presentan la versión normal de un gen llamado KRAS son susceptibles de ser tratados con Erbitux (cetuximab, un producto de ImClone System y comercializado conjuntamente con Bristol-Myers Squibb y Merck KGaA). Algo similar a lo que le ocurrió a Vectibix de Amgen.

Un cribado de los pacientes con el fin de determinar la mejor opción terapéutica ofrecerá mejores resultados y un importante ahorro, pero hará que muchos de los productos que actualmente se encuentran en investigación clínica no lleguen jamás a ser blockbusters. Todo lo más serán nichebusters, por el menor potencial de mercado. No obstante, este enfoque está también ayudando a recuperar productos que se habían dejado de lado.

Es el caso de Iressa, un producto de AstraZeneca, aprobado por la FDA en 2003 para el cáncer de pulmón y cuya comercialización se detuvo dos años después al no haber podido demostrar un incremento de la supervivencia. Investigaciones posteriores, cuyos resultados se acaban de presentar, han podido determinar que este fármaco es capaz de retrasar significativamente la extensión del cáncer de mama en determinado tipo de pacientes. Asimismo se ha identificado el subgrupo de pacientes de cáncer de pulmón que podría beneficiarse de Iressa.

Vemos pues como el creciente uso de biomarcadores favorece una mayor precisión terapéutica en el campo de la oncología y contribuye al desarrollo de la medicina personalizada, que tanto beneficia a pacientes, como a clínicos y a proveedores sanitarios.