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Monday, November 14, 2011

Abbott se parte en dos


Abbott reveló recientemente su intención de dividirse en dos compañías (ver nota de prensa oficial). Una compañía comercializará los dispositivos médicos, productos de diagnóstico, genéricos y productos del área de la nutrición como Similac baby Formula y Ensure y retendrá el nombre de Abbott. El actual consejero delegado, Miles White, será el nuevo máximo ejecutivo de esta compañía, que facturará unos 22.000 millones de dólares y empleará unas 65.000 personas. Según Bloomberg, el spin-off puede estar buscando 54.000 millones de dólares de posible compañías interesadas, como Merck & Co., Roche Holding AG o Bayer AG. No obstante White negó que se estuviera preparando la fusión con otra compañía.

La segunda entidad, cuyo nombre aún se desconoce, comercializará productos farmacéuticos, el más importante de los cuales es Humira (unos 6.500 millones de dólares de facturación el último ejercicio), su exitoso producto para tratar la artritis reumatoide y cuya patente vence en 2016 en EE.UU. y en 2018 en la mayoría de mercados internacionales. Será dirigida por el hasta ahora vicepresidente ejecutivo Richard González, su facturación rondará los 18.000 millones de dólares y contará con unos 25.000 empleados. Se prevé que la realización del acuerdo se culmine a finales de 2012.

Aunque el anuncio ha sorprendido a los inversores, ha sido considerado lógico por los analistas y la acción, cuyo valor se ha mantenido los últimos dos años alrededor de los 52 dólares (en ese tiempo el índice S&P 500 ha crecido un 10 por ciento), ha reaccionado de forma muy positiva. Los analistas veían hasta ahora a los inversores muy pendientes del negocio farmacéutico, necesitado de nuevos productos que no llegan, lo que ensombrecía y restaba valor al resto del negocio. Por eso separar ambos les parece una buena medida. Una decisión similar en cierto modo a la de Bristol-Myers Squibb, que segregó Mead Johnson hace un par de años y que gracias a ello el valor de esta ha crecido más de un 50 por ciento.

Las nuevas entidades cotizarán en bolsa y Abbott cree que podrá obtener mayor valor gestionándolas por separado que manteniéndolas juntas. No es la primera segregación de Abbott, ya que en 2004 llevó a cabo el spin-off de Hospira, la entidad que comercializa inyectables y dispositivos médicos para uso hospitalario.

El anuncio de la segregación de Abbott ha eclipsado la noticia de que la compañía ha provisionado 1.500 millones de dólares en el tercer trimestre con el fin de hacer frente a un potencial acuerdo legal, tras una investigación del gobierno norteamericano sobre la promoción del antiepiléptico Depakote (divalproex sódico) en indicaciones no aprobadas.

En caso de tener que desembolsar tal cantidad sería una de las mayores hasta ahora, junto con los 2.300 millones de dólares que pagó Pfizer por promocionar el análgésico Bextra de forma inadecuada o los 1.400 millones de dólares que pagó Lilly por la promoción incorrecta del antipsicótico Zyprexa.

Monday, March 3, 2008

¿No sirven los antidepresivos?


Un equipo de psicólogos de la Universidad de Hull ha evaluado 47 ensayos clínicos realizados con los antidepresivos más modernos y de más amplio uso, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Ha analizado incluso datos, obtenidos de la propia FDA, que no se habían hecho públicos hasta ahora. Según los técnicos que han llevado a cabo este meta-análisis, estos fármacos ofrecen una eficacia similar a un placebo cuando se utilizan en pacientes con una depresión moderada y sólo una ligera mejoría en caso de depresiones muy graves.

¿Significa esto, por tanto, que nos encontramos ante una nueva demostración de la irrefrenable codicia y despiadadas intenciones de las compañías farmacéuticas, que sin mostrar el menor escrúpulo son capaces de comercializar productos ineficaces aprovechándose de la necesidad y de la desesperación de numerosos pacientes, abusando de la confianza y buena fe de los profesionales sanitarios y embaucando a las agencias reguladoras responsables de la autorización de comercialización?

La reacción de la industria no se ha hecho esperar y ha defendido con firmeza la utilidad de los fármacos comercializados. Por ejemplo, GlaxoSmithkline (GSK) ha manifestado que ‘la interpretación de los autores es incorrecta y que contrasta con los beneficios de los antidepresivos que se observan en la práctica clínica’. Bien es cierto que no hay antidepresivos que se muestren eficaces en todo tipo de pacientes y que la respuesta clínica puede variar de un individuo a otro. Pero por el momento no se conocen predictores que permitan prever qué pacientes van a responder a un determinado tratamiento. Esto me trae a la memoria la famosa frase atribuida a Wanamaker, uno de los primeros publicistas de la era moderna, quien dijo: ‘la mitad de mi inversión en publicidad no es útil, el problema es que no sé de qué mitad se trata’.

Kelly Posner, un investigador de la Universidad de Columbia, en Nueva York, ha señalado que el estudio de la Universidad de Hull parece olvidar que una de las peores consecuencias de la depresión es el suicidio. Posner recuerda que ‘desde que se utilizan los antidepresivos la tasa de suicidios ha descendido en todo el mundo, revertiendo la tendencia previa a su introducción’. Hace un par de años, dos estudios realizados de forma independiente en EEUU llegaban a las mismas conclusiones: desde que se introdujeron los ISRS ha descendido el número de suicidios. Así, en EEUU el suicidio ha pasado de la octava a la undécima causa de mortalidad, de acuerdo con el Centro de Control y Prevención de Enfermedades norteamericano.

La publicación del estudio de la Universidad de Hull vuelve a cuestionar la técnica del meta-análisis, a la que se atribuyen unos cuantos puntos flacos: los datos no siempre se ajustan a una recta (regresión lineal); pueden incluirse estudios defectuosos que den lugar a un sesgo de los resultados; a menudo los datos no son homogéneos (‘se suman peras con manzanas’); etcétera. Para GSK el análisis se basó únicamente en un subconjunto de los datos disponibles, lo que invalida las conclusiones.

Algunas voces han aprovechado una vez más para criticar la falta de transparencia de las compañías farmacéuticas, a quienes acusan de publicar solamente aquello que les favorece. Precisamente en el caso que nos ocupa, dos de las compañías involucradas, GSK y Eli Lilly, ofrecen acceso público a las bases de datos de todos sus ensayos clínicos. Esta circunstancia fue la que permitió al doctor Steven Nissen llevar a cabo otro dudoso metaanálisis cuyas conclusiones cuestionaban la seguridad de Avandia (rosiglitazona DCI).

Por último, hay quien cree que la revelación del estudio del equipo de Hull no ha sido casual y que tiene relación con la publicación de la cifra de prescripciones de antidepresivos en el Reino Unido, que se elevó el pasado año a 36 millones, un seis por ciento superior al ejercicio precedente. Al parecer el Instituto Nacional para la Excelencia Clínica (NICE, en sus siglas en inglés) está evaluando en estos momentos unas guías de uso de los ISRS en el Servicio Nacional de Salud británico, y no parece descabellado que en las mismas puedan acabar recomendando el uso de la psicoterapia como alternativa a los cuestionados fármacos antidepresivos.