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Monday, March 8, 2010

Las farmacéuticas se alían con la tecnología

El pasado mes de enero Novartis firmó con Proteus Biomedical un acuerdo para desarrollar formas orales sólidas inteligentes. Éstas permitirían monitorizar algunos parámetros vitales del paciente con el fin de hacer un seguimiento de su adherencia a los tratamientos. Aunque el acuerdo, valorado en 24 millones de dólares, puede parecer de menor importancia, si se compara con los 50.000 millones de dólares de la compra de Alcon, a largo plazo puede acabar teniendo una importancia estratégica superior.

La incursión de Novartis en este campo no es la única en el sector. También Bayer y Johnson & Johnson han empezado a experimentar con nuevas tecnologías. Bayer ha desarrollado un sistema para mejorar la monitorización de niños diabéticos mediante el que se conecta su glucómetro a la videoconsola. De este modo se puede hacer un seguimiento riguroso de los niveles de glucemia. Por su parte, Johnson & Johnson ha puesto en marcha una aplicación que posibilita descargar los datos de glucemia desde su dispositivo Lifescan al iPhone.

A las compañías farmacéuticas se les exige cada vez más por parte de gobiernos y aseguradoras demostrar que sus opciones terapéuticas ofrecen resultados clínicos mejores que las alternativas existentes. Han de probar que los resultados que se obtienen son similares aunque con un menor coste para el sistema sanitario o que el comportamiento del medicamento es superior para un coste de tratamiento equivalente. Sólo de este modo se puede justificar su adopción y privilegiar su uso frente a otras opciones.

Las empresas de electrónica empiezan a ofrecer soluciones que facilitan el seguimiento terapéutico. Por ejemplo, la compañía holandesa Philips ha presentado iPill, una cápsula inteligente que permite liberar el fármaco de forma controlada electrónicamente para hacerlo llegar con precisión al lugar del tubo digestivo donde se espera que actúe. El ingenio está diseñado para tomar datos fisiológicos del paciente y comunicarse de forma bidireccional con un dispositivo externo que envía los datos a través de internet. El médico puede de este modo vigilar el cumplimiento terapéutico del paciente y detectar con rapidez posibles reacciones adversas. Ello lo hace sumamente interesante para su uso en ensayos clínicos. Desde luego no faltan las voces críticas que ven en estos procedimientos una intrusión excesiva, casi orwelliana, en la privacidad de los pacientes.

Pfizer también ha anunciado recientemente un acuerdo con Keas, una compañía de tecnología interactiva con base en San Francisco, cuyo objetivo es introducir sistemas de prevención on line que faciliten a los pacientes el seguimiento de programas personalizados de salud que les puedan ser de utilidad por ejemplo para controlar su peso, dejar de fumar, monitorizar la diabetes o enfermedades cardiovasculares, tomar la medicación... Cada vez más los pacientes quieren tener un papel activo en el control de su salud. Los dispositivos móviles permiten un acceso permanente y ubicuo a la información, al tiempo que proliferan las aplicaciones para móviles que ayudan a gestionar aspectos relacionados con la salud.

No cabe duda de que el empleo de tecnologías puede contribuir a demostrar de forma más sencilla y menos costosa en términos de tiempo y recursos la superioridad clínica de determinados medicamentos, facilitándose así el acceso al mercado. Además, tal como pone de manifiesto un reciente informe de Ernst & Young, que bautiza este movimiento como 'pharma 3.0', las compañías relacionadas con las nuevas tecnologías o con las comunicaciones empiezan a ver en este terreno una oportunidad de gran potencial, por lo que cabe prever que se producirán nuevos acuerdos de colaboración en el futuro con compañías farmacéuticas, que incorporarán estas innovaciones a sus planes de desarrollo y comercialización.

Monday, January 18, 2010

Novartis, Alcon y las medidas economicistas


Habían pasado tan sólo unas horas del año que acabamos de estrenar y ya se daba a conocer la primera operación de envergadura, aunque cabe añadir que poco sorprendente, por lo previsible. Novartis no dejó pasar un solo día del plazo que tenía y anunció que ejercía su opción de compra para adquirir el segundo tramo de Alcon. Previamente, en abril de 2008, Novartis adquirió un 25 por ciento del capital a un precio de 143 dólares por acción. Tenía desde enero de 2010 a julio de 2011 para ejecutar la opción que acordó con Nestlé, dueña de Alcon, para hacerse con el 52 por ciento restante a 180 dólares por acción.

El 23 por ciento que falta hasta completar el capital de Alcon está en la actualidad en manos de minoritarios, a los que Novartis ha ofrecido 2,8 acciones por cada título de Alcon (equivalente a 153 dólares por acción), significativamente inferior a los 180 dólares acordados con Nestlé y a los 164 dólares del cierre de la cotización previa al anuncio. La dirección de Alcon ha criticado la conducta de Novartis, cuyos argumentos son difíciles de vender, y los soliviantados minoritarios se proponen emprender acciones legales si Novartis no mejora su oferta. Algunos fondos ya han presentado demandas.

Durante los últimos tres años, Novartis y Nestlé se han intercambiado las divisiones de nutrición médica y de oftalmología, para enfocarse cada una en su core business. Tal como ha declarado, Novartis espera con esta adquisición reforzar su posición de dominio en el negocio del cuidado ocular, en el que opera a través de Ciba Vision. La farmacéutica suiza prevé para este segmento un crecimiento promedio del 7 por ciento anual durante los próximos cinco años, un ritmo de crecimiento superior al 5 por ciento anual que se vislumbra para el mercado de medicamentos de marca. Pese a ello, hay que tener en cuenta que la base de partida para el mercado del cuidado ocular es menor. Novartis ostentará el 37 por ciento de un mercado valorado en 25.000 millones de dólares.

Al contrario que su vecina Roche, Novartis lleva años apostando por la diversificación (especialidades farmacéuticas de marca, medicamentos genéricos, productos de diagnóstico y vacunas), seleccionando para ello aquellas áreas de negocio o nichos de mercado que ofrecen mejores perspectivas futuras y que le ayudan a reducir su dependencia de los ingresos de productos cuya patente está próxima a vencer (como Diovan, Glivec/Gleevec o Lotrel). No obstante, tiene razón Daniel Vasella cuando niega que esta operación tenga por objeto la diversificación de la cartera de Novartis, pues hace años que esta farmacéutica está presente en el negocio del cuidado ocular.

Con todo, asignar 50.000 millones de dólares a este negocio supone volver a detraer recursos y restar oportunidades al negocio de medicamentos de prescripción. Es preocupante que una parte importante de las compañías que más han invertido en investigación y desarrollo de nuevos fármacos desvíen recursos de forma creciente a otros mercados en los que esperan obtener un mayor retorno de sus inversiones. Éste es uno de los efectos indeseables más importantes que conlleva la adopción de medidas cortoplacistas orientadas a reducir el gasto farmacéutico. Como se puede apreciar, el resultado de este tipo de políticas desincentiva la inversión, frena la innovación y reduce las posibilidades de descubrir nuevas terapias. Al final todos salimos perjudicados. Sobre esta idea convendría algo más que una reflexión seria y profunda.