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Friday, July 27, 2012

Truvada: primer tratamiento preventivo contra el VIH


La pasada semana la FDA concedió a Gilead la autorización para comercializar Truvada en la prevención de la infección por VIH [nota de prensa de la FDA]. Se trata del primer medicamento que obtiene esta indicación. Gilead comercializa este producto desde 2004 para el tratamiento de la infección [productos comercializados por Gilead contra el HIV]. La aprobación para la prevención se basa en dos estudios clínicos, en los que el fármaco demostró reducir de un modo notable el riesgo de adquirir el virus. Truvada es una tableta que contiene una combinación de dos antivíricos: Emtriva (emtricitabina) y Viread (tenofovir). Ambos se usan en el tratamiento de la hepatitis B crónica.

Según los estudios llevados a cabo, las personas que más se beneficiaron de la medicación fueron aquellas que no usaban el preservativo con regularidad. En cambio, aquellas que sí lo hacían y que además no practicaban sexo anal, no obtenían un beneficio adicional por seguir el tratamiento. Sin duda la mejor prevención es el uso del preservativo. Para quienes carecen de la disciplina necesaria para protegerse con éste, la alternativa es Truvada, un tratamiento que tiene un coste anual de 14.000 dólares. Se estima que en EE.UU. hay unas 415.000 personas en riesgo de infectarse por el VIH.

Algunas voces se oponen al uso de Truvada en prevención, ya que temen que puede dar una falsa sensación de seguridad a quienes lo toman con esta finalidad. Este argumento es rechazado por los científicos de la FDA, quienes argumentan que en los estudios no se observó evidencia alguna de que los usuarios puedan adoptar prácticas sexuales de mayor riesgo por el hecho de tomar el fármaco.

La aprobación de Truvada llegó una semana después de que las autoridades norteamericanas diesen la luz verde a la comercialización del primer test OTC para la detección del VIH. Estos dos avances marcan sendos hitos en los más de treinta años que la comunidad científica lleva luchando contra este virus.

Saturday, April 25, 2009

Los últimos movimientos de GlaxoSmithKline


La compra de la estadounidense Stiefel por GlaxoSmithKline (GSK) confirma la estrategia puesta en marcha tras la llegada de Andrew Witty, su consejero delegado, hace poco menos de un año. Witty sabe por experiencia propia lo que le conviene. Después de haber bregado durante años con los lodos resultantes de las operaciones que dieron lugar a GSK, está convencido de que lo mejor para el futuro de la compañía son las adquisiciones selectivas de pequeño o mediano tamaño. En más de una ocasión ha manifestado públicamente su rechazo a una operación a gran escala.


Sin olvidar los productos sin receta (OTC) y las vacunas, el otro gran pilar de la estrategia de Witty lo constituye su apuesta por los mercados emergentes, principalmente Oriente Medio y el BRIC (Brasil, Rusia, India y China). No en vano Witty, que llegó a GSK en 1985, llegó a dirigir las operaciones de la compañía en Sudáfrica y en la región Asia-Pacífico. Esta experiencia jugó probablemente a su favor para ser el elegido en la carrera por la sucesión de Jean-Pierre Garnier.


Mientras Pfizer y Merck parecen haber decidido resolver su futuro de un plumazo con las compras respectivas de Wyeth y de Schering-Plough, GSK se declara partidaria de colocar sus huevos en diferentes cestas, a través de alianzas y compras de menor entidad, lo que tal vez suponga más tiempo y esfuerzo, pero que a la larga la puede acabar situando en una posición competitiva superior. Qué duda cabe que la situación de sequía crediticia actual juega a su favor, al empujar a algunas compañías a venderse a un mejor precio.


Tan sólo tres días antes de anunciar la compra de Stiefel, se hizo público el acuerdo alcanzado por GSK y Pfizer para constituir una operación conjunta que combinaría los productos que ambas poseen para el tratamiento de la infección por el VIH. Una noticia que no dejó indiferente a nadie en el sector, ya que es la primera vez se produce un acuerdo de semejante naturaleza.


La entidad resultante comercializará once productos, cuya facturación conjunta en 2008 fue de 2.360 millones de dólares. La propiedad se reparte de forma asimétrica, correspondiéndole un 85 por ciento a GSK y el 15 por ciento restante a Pfizer. Esta proporción podrá variar en el futuro según se alcance o no las metas establecidas. Aunque las razones esgrimidas por los respectivos consejeros delegados parecen razonables, un análisis detallado ha llevado a The Wall Street Journal (WSJ) a especular con la venta de la nueva entidad a un tercero.


Por una parte el acuerdo aporta muy poco a GSK en términos de facturación. Por otra, en I+D tampoco hay una ganancia clara, al menos a corto plazo, ya que ninguna de las dos compañías tiene productos en fase III. Por lo tanto, la posibilidad de generar nueva facturación quedaría un tanto alejada en el tiempo. Eso si alguno de los productos en fase II consigue obtener la autorización de comercialización. En términos de escala tampoco se hace evidente el logro de una ventaja competitiva, ya que Bristol-Myers Squibb (BMS) y Gilead Sciences tienen facturaciones en este negocio iguales o superiores, que además presentan fuertes crecimientos.


En definitiva, para WSJ la operación sólo adquiere pleno sentido si se hace con la intención de vender la entidad resultante a un tercero, ya que la suma de los activos de ambas compañías, junto con los ahorros que puedan alcanzarse, configura una oferta mucho más atractiva que cada uno de los negocios por separado. WSJ llega incluso a especular con la posibilidad de que sea Abbott la compañía que pudiera interesarse por adquirir el nuevo spin-off, permitiéndole competir de igual a igual con BMS y Gilead.

Monday, March 23, 2009

El apareamiento de los dinosaurios


El reciente anuncio de fusión entre Merck y Schering-Plough ha estado en boca de los analistas durante los últimos seis años. A pesar, pues, de la obviedad de la operación, ésta no ha dejado de sorprender. Las megafusiones cada vez convencen menos y la tesis que afirma que no son la panacea va ganando nuevos adeptos con cada megaoperación. El doctor Pedro Cuatrecasas, quien dirigió la investigación de Warner-Lambert en los tiempos en que inventaron Lipitor (Cardyl), advertía hace un par de años que la innovación farmacéutica corre serio peligro en parte a causa de las megafusiones, responsables en buena medida del descenso del número de nuevos fármacos. Y no le faltaba razón. Pfizer es un claro ejemplo de ello. Ya va por la tercera megafusión y en una década sólo ha lanzado un nuevo blockbuster al mercado, habiendo invertido probablemente más de 60.000 millones de dólares en investigación.

Por otra parte, también ha causado cierta sorpresa que una compañía como Merck, que había hecho gala en diversas ocasiones de su arraigada fe en la investigación propia y en el crecimiento orgánico, se haya desdicho tan rápidamente de tan firme creencia, optando por una solución defensiva, un parche rápido, en lugar de escoger un planteamiento más estratégico. Parece que lo que prima es la visión a corto plazo, el salvar los resultados y a ser posible mantener el dividendo. Con los ahorros que se espera obtener se prevé compensar la pérdida de facturación por los vencimientos de patentes, sobre todo de Singulair y Cozaar.

La principal incógnita que queda por despejar en esta historia es la respuesta que dará Johnson & Johnson, a quien todo el sector mira ahora con expectación. A pesar de que Merck y Schering-Plough han estructurado la operación en forma de una fusión inversa para preservar los derechos que esta última posee para comercializar Remicade y golimumab (su posible sucesor) fuera de EEUU y Japón, cabe la posibilidad (si no ha habido un acuerdo amistoso previo) de que J&J trate de oponerse o que incluso llegue a lanzar una oferta para comprar Schering-Plough. Que J&J no haga nada, que es la tercera posibilidad que resta, no parece plausible.

A J&J, una compañía líder en el mercado OTC, podría interesarle también que Schering-Plough la compensase ofreciéndole su cartera de estos productos a precio de ganga. No obstante, tras el anuncio de la operación de Merck y Schering-Plough, las acciones de esta última han marcado su máximo de los últimos 12 meses, lo que parece indicar que los mercados especulan con la posibilidad de que haya una pugna entre Merck y J&J por su adquisición. El plazo del que dispone J&J para hacer su reclamación es de un mes. En cualquier caso, los expertos legales consultados no se ponen de acuerdo acerca de cuál podría ser el resultado de la eventual reclamación de J&J.

La operación de Merck y Schering-Plough, seguida de la oferta de Roche por la parte que le faltaba de Genentech, confirman la nueva ola de consolidación que se inició seis semanas antes, cuando se hizo pública la oferta de Pfizer por Wyeth. Todo el mundo se pregunta ahora quiénes serán los próximos protagonistas de lo que algunos jocosamente ya han bautizado como 'el apareamiento de los dinosaurios'. Entre las gigantes del sector AstraZéneca, Bristol Myers Squibb y Sanofi-Aventis figuran en los pronósticos de la mayoría de analistas. Mientras que entre las biotecnológicas las que suenan con más fuerza son Amgen y Gilead Sciences.